| CARTA A SENADORES REFERIDO A LEY MATRIMONIO GAY |
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| Subido por Libertad Noticias | |
| miércoles, 19 de mayo de 2010 | |
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desde ALBERTO LUCAS <
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>Estimado legislador Me dirijo a usted en mi carácter de representado por su gestión en el Senado de la Nación. En este particular, para referirme al proyecto de ley que modificaría el código civil, posibilitando el matrimonio homosexual con adopción. Dada la seriedad de la hora, inquietado por las inevitables consecuencias que
acarreará vuestra decisión a los valores de nuestra sociedad y consecuentemente
en el futuro de la nación, he prestado particular atención a los argumentos de
las partes y creo que nunca como hoy, he percibido en vuestras consideraciones,
tanta lejanía de la realidad, tal subjetividad, tal nivel de falacia. Es
precisamente por este motivo, que me permito alzar mi voz ciudadana, con la
esperanza de despertar la conciencia, de quienes habiendo recibido un mandato
como representantes de la voluntad del pueblo, en este momento actúan, ya no
como representantes, sino como tácitos interpretes del criterio de toda una
nación. En esta dirección he oído la voz de nuestros representantes más
progresistas descalificando sarcásticamente la opinión de algunos sectores, tan
sólo por ser confesionalmente católicos. Aunque yo no lo soy, me permito
recordarle que nuestro país forma parte del mundo occidental y cristiano,
habiendo sido culturalmente influenciado desde su fundación, por dicha
confesión. De hecho, nuestro concepto de matrimonio y familia, están asentados
sobre esos principios, tales que han dado seguridad y facilitado el desarrollo
estable de nuestra sociedad, durante más de treinta lustros.Hoy, como si no tuviésemos identidad ni historia, debo observar con una extraña mezcla de asombro e impotencia, que algunos de quienes han jurado hacer respetar nuestra constitución, discriminan a quienes les recuerdan que el preámbulo de la misma, reza "invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia". Mientras enmascarados detrás de la defensa de los derechos humanos de alguna minoría, alienan la voluntad de quienes les otorgamos el mandato, en tanto omiten considerar la voluntad de la mayoría. Le sugiero en ese sentido, considerar las encuestas. Por otra parte, sería bueno reflexionar acerca de qué significa discriminar. Porque evidentemente no es lo que corrige esta ley. Todo ser humano tiene el derecho inalienable de escoger la orientación que desee dar a su vida, también en el área sexual. Y seguramente coincidimos, en que esta decisión debe ser respetada por el conjunto de la sociedad. ¡Y eso! es lo que está ocurriendo. Un testimonio viviente son las 19 "marchas del orgullo gay, lésbico, transexual, bisexual" en las calles céntricas de Buenos Aires, sin recibir ningún tipo de molestia, ni como respuesta, una marcha del orgullo de los que no lo somos. El asunto a tratar, no es la libre elección de género, o la aceptación de la misma, sino cómo legislarlo para que sus derechos estén correctamente regulados y protegidos por una ley. Y estimado legislador, esa y no otra, es vuestra responsabilidad. Legislar la realidad sin llamarla de otro modo. No es discriminar, negarle el calificativo de avión a un barco, o de circunferencia a un cuadrado, sino un asunto de sensatez, de sentido común, de respeto a la ley civil y aceptación de la ley natural. De hecho ningún homosexual sería; si no estuviera precedido por la necesaria heterosexualidad de sus progenitores. Tampoco es una cuestión de amor o defensa de los más débiles. Sino de libre elección y coherencia, acción y consecuencia. La sociedad acepta la conducta homosexual de quienes así lo deciden y también su socialización en pareja. Pero no corresponde llamar a ese estado matrimonio, porque este, según nuestra legislación, requiere de un hombre con una mujer. Y ustedes no fueron constituidos para otorgar permisos a nuestra sociedad, sino para resolver, legislando en pos del bienestar general. La libertad es un patrimonio de valor incalculable. Un crédito a disposición de cada uno, la oportunidad de escoger cada día, cada instante, cada cosa, es perfectamente neutra, ofreciendo a los que disfrutamos de ella, todo tipo de elecciones, aún las que pueden perjudicarnos. Debemos aceptar por lo tanto, que disponemos de una agradable y peligrosa libertad, que en su pleno ejercicio, nos posibilita hacer tanto lo que sí, como lo que no nos conviene, poniendo en nuestras manos la decisión y la realidad de asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Y qué decir del eventual derecho a adopción por parte de los matrimonios homosexuales. La consideración de este caso, sería afectivamente compasiva, sin embargo no debemos omitir en tal caso, la realidad de su falta de base científica o experiencia convalidante. Por otra parte, embanderarse en la defensa de los derechos humanos de las minorías y de los más débiles, tornaría a esta ley, aún más contradictoria. Ya que las parejas homosexuales, están en la condición que escogieron, pero ¿qué será del niño adoptado? ¿Quién sería en este caso el representante de la minoría y de los más débiles? Y en todo caso, ¿quién defendería el derecho del niño a escoger el modelo familiar de sus padres? Un antecedente ejemplarizador: Durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, en la década del 80, el honorable Congreso de La Nación, en un intento por legislar la realidad, promulgó la ley de divorcio vincular, introduciendo a partir de ese momento un cambio en las familias argentinas. El matrimonio civil, dejó de ser una institución vitalicia, para convertirse en un acuerdo de convivencia temporal entre partes. A partir de ese momento, los más de dos millones de personas casadas que se encontraban en estado de separación irregular, con innumerables juicios por distribución de bienes gananciales, experimentaron una sensación de bienestar y victoria, ya que fueron regulados civilmente por el sistema, que les confirió un nuevo estado: el de divorciados. Ahora bien, habiendo transcurrido ya más de veinte años desde la aplicación de esta ley, ¿podemos apreciar mayor satisfacción en nuestras familias? ¿Hay más comprensión y estabilidad en nuestros matrimonios? ¿Los hijos formados en este nuevo orden, honran más a sus padres? ¿Tienen mayor respeto por las autoridades y el orden establecido? ¿Poseen mejor educación? ¿Son más serviciales y laboriosos? ¿Son más sanos y amables? ¡Por supuesto que no!.... ¡De Ningún modo! La realidad es que tanto la crisis matrimonial como familiar ha ido en franco aumento y su efecto en la vida de los hijos, es devastador. Ellos se encuentran decepcionados, inducidos al nihilismo, muchos en proceso de desintegración familiar y reagrupamiento social, refugiados en alguna de las muchas tribus urbanas. Es evidente el aumento del perfil hedonista, el consumo de drogas y alcohol, la rebeldía, la violencia, la marginalidad, la profundidad de las crisis de identidad y el desaliento respecto a construir un proyecto familiar, cimentado en un hogar estable. Proyecto éste, que fuera otrora el principal motivador para intentar una mejor preparación profesional, o la exploración de una mejor salida laboral, o la realización de un esfuerzo administrativo conducente a cierto crecimiento económico y social. ¿Podremos decir aún, a través de la observación de esta experiencia que legislar un error, resuelve el problema? ¡Por supuesto que no! Otras propuestas de similar efecto destructivo. Ley del aborto no punible, ley de despenalización por consumo de drogas, etc. ¿Cree usted que nuestro país mejoraría con estos avances? El efecto de la posmodernidad con su vocación transgresora, ha dañado las bases éticas de nuestra sociedad, proponiendo para ella, conductas y valores decididamente egocéntricos. Sería sobreabundar, detenernos a explicar las consecuencias de una conducta permisiva, facilitada por leyes que eliminan normas, relativizando valores y destruyendo la conciencia moral de la nación. Si la presión de los medios o de algunas minorías que siéndolo se vuelven notables, logran que los defensores de la Constitución la vulneren sin un plebiscito, estamos en verdadero peligro. Y es responsabilidad del poder legislativo proponer las normas que corrijan tal desvarío. En la esperanza de que prive la cordura, le saludo poniéndome a su disposición. Alberto Lucas. DNI. 8.270.566. Libertad Noticias |
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