| LA PATRIA EN SU TERCERA CENTURIA (IX) |
| Subido por Libertad Noticias | |
| viernes, 23 de julio de 2010 | |
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La
Música Se dice que los principios de la
música en el hombre están envueltos en la oscuridad (Kurt Reinhard &
Hans Engel), particularmente en los inicios anteriores a la Historia. El mundo de los sonidos
es tan incorpóreo y los primitivos instrumentos tan desconocidos que nada de
ellos ha llegado hasta nosotros. La cuestión de tales principios ha ocupado a la
ciencia desde antaño… Pero Charles Darwin creía que en los gritos del hombre
prehistórico había “gritos de amor”…que acaso el canto primitivo ya era un medio
masculino para declarar el amor.Escribe: Carlos Parache- Chaves Los habitantes de la llamada “la
tierra de los dos ríos” (la
Mesopotamia), hicieron las arpas, 30 siglos antes de nuestra
Era; y los egipcios desde 10 siglos después perfeccionaron esas arpas y crearon
instrumentos de cuerdas y de viento (flautas, clarinetes de doble tubo, liras y
laúdes) e instrumentos de percusión.
Vinieron después los progresos traídos por los judíos, los chinos, los
hindúes…. El mundo progresaba en la guerra, pero también se estaba elevando en
el arte, al que nosotros conocemos dentro de nuestra cultura occidental. Antes
del devenir de los griegos, en los albores de la Edad Antigua, ya el hombre
conocía la música y disfrutaba de ella. Aquel genio de las letras castellanas, Pablo Neruda, en su libro Las Piedras de Chile dice, en una de sus páginas más bellas: “…Iba sola la música, sola entre los planetas/ naciendo del eclipse como una vestidura/…../Entonces el sonido primordial/ la solitaria música del mundo/ se congeló y cayó, convertida en estrella,/ en arpa, en cítara, en silencio, en piedra……” La literatura universal está llena de alegorías que se refieren a la música, vinculada siempre a nuestros sentimientos. Tal vez nuestra música, tal como hoy la conocemos penetró en Europa a través de la cultura helénica, que fue la vía de influencia de la tradición musical del Asia Menor. La primera música que se vincula con las formas actuales podría señalarse como la liturgia cristiana, inspirada por los cánones de la Grecia clásica… y también la polifonía y la música profana (no religiosa) de los druidas, de los bardos y los sacerdotes, de los poetas y de los juglares. Es larga y hermosa la historia de la música del mundo. Los nombres de los grandes creadores de la historia de nuestra cultura occidental son venerados por todos los amantes de la música y viven en nuestra emoción con la presencia eterna de su inspiración venerada. Puede decirse que desde el Siglo XIV en el llamado “Renacimiento Musical” fulguran los nombres de los que precedieron al barroco Joaquín Després, Luca Marenzio, Thomas Morley, y luego los que siguieron a Claudio Monteverdi, Albonini, Corelli, Vivaldi, Teleman, Juan Sebastián Bach, Scarlatti, Haendel, Pergolesi, Mozart, Listz, Federico Chopin, Dvorak…. La lista es interminable, infinita y guarda las joyas más grandes del universo de la cultura universal Todos los clásicos de la historia tomaron su inspiración en las canciones del pueblo, porque el hombre canta naturalmente como los pájaros y nuestras formas de comunicación tienen, para los animales y para los hombres distintos a nosotros, un ritmo y una melodía que no percibimos, como no somos tampoco capaces de percibir las notas constantemente distintas en el canto de los pájaros y discernir su lenguaje. Ciertamente, en esto tenía razón Darwin: quizá el sonido que el hombre profería en la prehistoria no era sino un llamado de amor, como los que realizan todas las especies de la creación. El Gran Arcano nos lleva a la idea pitagórica del Universo, la de las siete esferas cristalinas que se trasladan en un movimiento concéntrico, en armonía perfecta con las siete notas de la escala musical. Estos sones serían imperceptibles para el oído humano ya que, formando parte de la rotación terrestre, equivaldrían a lo que definía el sabio Pitágoras (seis siglos antes de nuestra Era) como “la esencia del mundo”. Tal sería el origen y la explicación formal de la naturaleza de la música (sonido, verbo) que hemos heredado de Pitágoras: los siete sonidos fundamentales que definieron los griegos: do- re- mi- fa- sol- la- si. Por cuánto tiempo los seguiremos empleando en las partituras? Como hemos dicho, nuestra música nació de la liturgia cristiana y de las danzas del pueblo de la Edad Media, con sus trovadores, sus poetas, sus juglares, que difundieron la música vocal –alternando con la exclusivamente instrumental- y se popularizó la modalidad llamada “da capo” (volver al principio de la página para repetir el pasaje inicial) de la que tenemos hermosos ejemplos en la música lírica que hemos conservado hasta hoy (Verdi, Mozart. Puccini, etc) sin oscurecer a la modalidad “sonata” como antítesis a ésta, para lucimiento de los instrumentos aislados o en conjunto y para destacar la actuación de los solistas. Pero en la gran música que nos dio la historia del arte durante generaciones y ésta entrañable que se aferra a nosotros desde la emoción de las páginas populares, siempre unas notas nos hacen abandonar el presente para remontarnos al pasado, justo en los momentos en los que hemos gozado de la vida y exacerbado nuestros sentimientos. Siempre las notas y las letras cantadas nos conducen a la armonía del mundo, de nuestro mundo, resucitando en unos instantes el Gran Arcano que puede significar la caricia de una madre o el primer beso apasionado. Acaso es lógico, porque lo dice la canción: “…La Eternidad cabía en el instante en que al cerrar tus ojos, te besé…” Porque la música nos acompaña en toda nuestra vida; porque ella es reflejo de cada instante del alma nuestra; porque despierta en nosotros los más bellos sentimientos de amor y libertad, por éso la amamos. En la excelsitud de la música lírica nos deslumbra el canto de amor y en la marcialidad de un himno los sentimientos sagrados de libertad y de amor a la Patria. Vienen a mi memoria los bellísimos versos que acompañan la música del maestro Eduardo Falú en la página “Canto al Sueño Americano”. Pertenecen a Jaime Dávalos: “…El día que los pueblos sean libres, la política será una canción…” Es cierto que la música nos lleva al pasado, como un lazo de seda que nos hace revivir los momentos generalmente felices. Cuando una canción vuelve a sonar en nuestros oídos ella nos lleva al momento que antes vivimos al escucharla, aunque hayan transcurrido muchos años desde entonces. Cuál será la canción que dentro de unos años nos haga recordar, lector, este momento que los dos vivimos en homenaje a la música y pensando una canción? Carlos Parache- Chaves Libertad Noticias |